sábado, 4 de febrero de 2012

El alzhéimer avanza neurona a neurona

El mal de Alzhéimer se propaga neurona a neurona, a través de los circuitos cerebrales, mediante un mecanismo que recuerda al de una infección. Así lo recoge una investigación publicada el miércoles en la revista PloS One que abre las puertas a enfoques terapéuticos de futuro de una enfermedad cuya causa sigue siendo desconocida y que carece de tratamiento eficaz. En lugar de una bacteria o un virus, el agente infeccioso sería en este caso una proteína alterada llamada Tau.

Para saber cómo frenar el desarrollo de una enfermedad es conveniente conocer primero cómo progresa. En el caso de esta demencia, se sabe que comienza en una zona del cerebro llamada corteza entorrinal, conectada con el hipocampo y relacionada con le memoria inmediata. También que posteriormente se expande al resto del cerebro. Pero se ignoraba cuál era el proceso que seguía para extenderse. Distintos estudios sugerían que la enfermedad avanzaba al expandirse de una parte a otra del cerebro, en lugar de emigrar a la vez en diferentes áreas, pero no existían suficientes evidencias para demostrarlo. A ello se dedica este trabajo.

El alzhéimer se caracteriza por la muerte neuronal y la presencia de dos estructuras aberrantes en el cerebro: la proliferación de las llamadas placas seniles (depósitos del péptido beta-amiloide) y la formación de unas estructuras llamadas ovillos neurofibrilares. Los responsables de estos últimos son la proteína Tau modificada, uno de los grandes protagonistas de la enfermedad y por ello del estudio desarrollado por un equipo de investigadores de la facultad de medicina de la Universidad de Columbia de Nueva York. Esta proteína es especialmente relevante porque su presencia en distintas partes del cerebro sirve para seguir la evolución de la enfermedad (cuanto más extendida, más evolucionado está el mal de Alzheimer).

Durante  22 meses se monitorizó a ratones modificados genéticamente para comprobar los resultados

Los investigadores idearon un modelo animal para describir el camino que seguía la proteína en el cerebro. Se sabía que el punto de inicio de Tau era la corteza entorrinal, y que acababa por contagiar todo el cerebro, pero no cuáles eran las etapas intermedias. Para ello usaron ratones modificados genéticamente capaces de generar la proteína humana alterada en una zona muy concreta de su cerebro: la corteza entorrinal. Se trataba de dejar pasar el tiempo y monitorizar a los roedores para ver el camino que seguía Tau. Si encontraban la proteína en otras partes del cerebro, significaba que se expandía y que contagiaba a otras zonas por contacto. Y así sucedió.

A lo largo de 22 meses se monitorizó en los ratones el recorrido de la proteína. Y se comprobó que a medida de que envejecían, la proteína se propagaba desde la corteza entorrinal, hacia el hipocampo y, más adelante, a la corteza cerebral. Así se descartaba la posibilidad de una aparición espontánea de la proteína en todo el cerebro.

Lo que no está tan claro es el mecanismo de contagio exacto, como apunta Jesús Ávila, responsable del grupo de Microtúbulos del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa de Madrid, que también ha publicado distintos artículos sobre el papel de la proteína Tau en el alzhéimer. “El estudio recién publicado apunta a que las proteínas se expanden a través de las sinapsis, las conexiones neuronales”, comenta. Pero no detalla cómo. Hay dos teorías. Una apunta a que al morir, las neuronas infectadas liberan la proteína y así ésta entra en contacto con las células circundantes. Otra, la que sugiere el grupo estadounidense, se inclina por creer que es mediante la secreción de pequeñas vesículas o membranas con la proteína en el interior que son las que entran en las células sanas, indica este investigador.

La diferencia tiene su importancia. “Si la contaminación es extracelular [el primer caso], quizás se puedan poner en marcha ensayos de vacunas para bloquear el acceso de la proteína a las neuronas sanas”, comenta Jesús Ávila. “También se podría tratar de destruir los ovillos que forman las proteínas o su toxicidad, pero todos estos estudios están en pañales”, admite.

“Se trata de un estudio muy fino que demuestra que el origen de la acción de la proteína está en la corteza entorrinal”, apunta Joaquín Castilla, del CIC bioGUNE. Este investigador participó en un trabajo en el que también se establecía un origen infeccioso de esta demencia. En su caso, en la formación de los depósitos de la proteína beta-amiloide que generan las placas seniles, otra de las áreas de trabajo de los científicos que estudian el alzhéimer.

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