martes, 28 de agosto de 2012

Descubren cómo la depresión puede ‘encoger’ el cerebro

Investigadores de la Universidad de Yale identifican un 'interruptor' genético que desactiva varios genes implicados en la formación de conexiones sinápticas, lo que podría explicar la pérdida de masa cerebral asociada a esta enfermedad.


Un equipo de investigadores liderado por científicos de Yale (Estados Unidos) ha descrito el proceso por el que la depresión grave y el estrés crónico reducen el volumen del cerebro. Al parecer, detrás de esta merma hay un 'interruptor' genético que, al apagarse, desencadena una pérdida de conexiones cerebrales.

Los resultados, que publica la revista Nature Medicine, muestran que este interruptor, denominado 'factor de transcripción' (proteína que participa en la transcripción del ADN), reprime la expresión de varios genes necesarios para la formación de conexiones sinápticas entre las células cerebrales. Esto, a su vez, podría contribuir a la pérdida de masa cerebral en la corteza prefrontal.

"Queríamos testear la idea de que el estrés provoca una pérdida de sinapsis del cerebro en los seres humanos", comenta Ronald Duman, investigador de Yale y coautor del estudio. "Hemos mostrado que los circuitos normalmente involucrados en la emoción y la cognición se interrumpen cuando se activa ese único factor de transcripción".

Para realizar el trabajo, el equipo analizó los tejidos cerebrales de un grupo de pacientes deprimidos y los de un grupo sano y buscaron distintos patrones de activación de los genes. Los resultados revelan que los cerebros de los pacientes que habían estado deprimidos mostraban niveles más bajos de expresión de determinados genes (CALM2, SYN1, RAB3A, RAB4B y TUBB4), necesarios para el correcto funcionamiento de las sinapsis cerebrales.

Por su parte, otro miembro del equipo, la investigadora Hyo Jung Kang, descubrió que estos cinco genes pueden estar regulados por un solo factor de transcripción denominado GATA1. En experimentos con ratas de laboratorio comprobó que, cuando se activaba este factor de transcripción, los roedores mostraban síntomas de depresión.

Esto sugiere que GATA1 desempeña un papel no sólo en la pérdida de las conexiones neuronales, sino también en los síntomas del trastorno. En concreto se han centrado en el ‘desorden depresivo mayor’ (MDD, por sus siglas en inglés: major depressive disorder), uno de los desordenes psiquiátricos más frecuentes en la actualidad.

Duman sugiere que algún día las variaciones genéticas en GATA1 pueden ayudar a identificar a las personas con un riesgo alto de depresión grave o con alta sensibilidad al estrés. "Esperamos que mediante la mejora de las conexiones sinápticas, ya sea con medicamentos nuevos o con psicoterapia conductista, podamos desarrollar terapias antidepresivas más eficaces", concluye el investigador.

Nature Medicine (2012); doi:10.1038/nm.2886

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