martes, 28 de agosto de 2012

Asocian la salud dental con el riesgo de demencia

Un seguimiento durante 18 años a 5.500 adultos mayores reveló que los que se cepillaban los dientes menos de una vez por día eran hasta un 65 por ciento más propensos a desarrollar demencia que los que cumplían con el hábito de higiene diariamente.

"No sólo el estado de salud mental predice los hábitos de salud dental de una persona. Podría ser también que esos hábitos influyan en la aparición o no de la demencia", dijo Annlia Paganini-Hill, de University of California y a cargo del estudio.

La inflamación que producen las bacterias causantes de la enfermedad de las encías (gingivitis) predispone a una gran cantidad de trastornos, como enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares, y diabetes.

Algunos estudios han sugerido asimismo que las personas con Alzheimer -la forma más común de demencia- tienen una mayor concentración de aquellas bacterias en el cerebro que una persona sin Alzheimer, según indicó Paganini-Hill.

Explicó que las bacterias periodontales llegarían al cerebro, donde causarían inflamación y daño cerebral.

Durante el estudio, el equipo de Paganini-Hill siguió a 5468 residentes de una comunidad de jubilados de California entre 1992 y el 2010, principalmente blancos, con educación y un buen ingreso. Al inicio del estudio, los participantes tenían entre 52 y 105 años (81 en promedio).

Ninguno tenía demencia y todos respondieron sobre sus hábitos de salud dental, el estado de sus dientes, y si usaban dentaduras postizas.

Tras un seguimiento de 18 años, el equipo determinó a través de entrevistas, historias clínicas y, en algunos casos, el certificado de defunción, que a 1145 se les había diagnosticado demencia.

De las 78 mujeres que en 1992 habían respondido que se cepillaban los dientes menos de una vez por día 21 tenían demencia en el 2010, o una de cada 3,7 mujeres.

En comparación, entre las que se cepillaban los dientes por lo menos una vez por día cerca de una cada 4,5 mujeres desarrollaron demencia, lo que se traduce en un 65 por ciento más de posibilidades de desarrollar demencia en las mujeres que no se cepillan los dientes todos los días.

En los hombres, el efecto no fue tan grande: uno de cada seis que no se cepillaba los dientes diariamente desarrolló demencia, lo que se traduce en un 22 por ciento más de riesgo de padecer la enfermedad que en los participantes que se cepillaban los dientes todos los días.

Sin embargo, esa diferencia es estadísticamente tan estrecha que podría atribuirse al azar.

Sí surgió una diferencia estadísticamente significativa entre los hombres con todos, o por lo menos la mayoría, de los dientes o que usaban dentadura postiza y los que no lo hacían. Este último grupo tenía el doble de riesgo de desarrollar demencia. Esto no sucedió en las mujeres.

La hipótesis de Paginini-Hill es que, quizás, las mujeres utilizan las dentaduras postizas más que los hombres y consultan al odontólogo con más frecuencia que ellos.

Por ahora, los resultados publicados en Journal of the American Geriatrics Society no prueban que la mala salud dental cause demencia. Aun así, el estudio "es el primero sobre los efectos de hábitos como el cepillado o el uso de hilo dental", dijo la doctora Amber Watts, que investiga las causas de la demencia en University of Kansas y no participó del estudio.

FUENTE: Journal of the American Geriatrics Society, online 2 de agosto del 2012. (Editado por Lucila Sigal)



Descubren cómo la depresión puede ‘encoger’ el cerebro

Investigadores de la Universidad de Yale identifican un 'interruptor' genético que desactiva varios genes implicados en la formación de conexiones sinápticas, lo que podría explicar la pérdida de masa cerebral asociada a esta enfermedad.


Un equipo de investigadores liderado por científicos de Yale (Estados Unidos) ha descrito el proceso por el que la depresión grave y el estrés crónico reducen el volumen del cerebro. Al parecer, detrás de esta merma hay un 'interruptor' genético que, al apagarse, desencadena una pérdida de conexiones cerebrales.

Los resultados, que publica la revista Nature Medicine, muestran que este interruptor, denominado 'factor de transcripción' (proteína que participa en la transcripción del ADN), reprime la expresión de varios genes necesarios para la formación de conexiones sinápticas entre las células cerebrales. Esto, a su vez, podría contribuir a la pérdida de masa cerebral en la corteza prefrontal.

"Queríamos testear la idea de que el estrés provoca una pérdida de sinapsis del cerebro en los seres humanos", comenta Ronald Duman, investigador de Yale y coautor del estudio. "Hemos mostrado que los circuitos normalmente involucrados en la emoción y la cognición se interrumpen cuando se activa ese único factor de transcripción".

Para realizar el trabajo, el equipo analizó los tejidos cerebrales de un grupo de pacientes deprimidos y los de un grupo sano y buscaron distintos patrones de activación de los genes. Los resultados revelan que los cerebros de los pacientes que habían estado deprimidos mostraban niveles más bajos de expresión de determinados genes (CALM2, SYN1, RAB3A, RAB4B y TUBB4), necesarios para el correcto funcionamiento de las sinapsis cerebrales.

Por su parte, otro miembro del equipo, la investigadora Hyo Jung Kang, descubrió que estos cinco genes pueden estar regulados por un solo factor de transcripción denominado GATA1. En experimentos con ratas de laboratorio comprobó que, cuando se activaba este factor de transcripción, los roedores mostraban síntomas de depresión.

Esto sugiere que GATA1 desempeña un papel no sólo en la pérdida de las conexiones neuronales, sino también en los síntomas del trastorno. En concreto se han centrado en el ‘desorden depresivo mayor’ (MDD, por sus siglas en inglés: major depressive disorder), uno de los desordenes psiquiátricos más frecuentes en la actualidad.

Duman sugiere que algún día las variaciones genéticas en GATA1 pueden ayudar a identificar a las personas con un riesgo alto de depresión grave o con alta sensibilidad al estrés. "Esperamos que mediante la mejora de las conexiones sinápticas, ya sea con medicamentos nuevos o con psicoterapia conductista, podamos desarrollar terapias antidepresivas más eficaces", concluye el investigador.

Nature Medicine (2012); doi:10.1038/nm.2886

La sofisticación de la conectividad cerebral ayudó a los humanos a evolucionar

Un nuevo estudio de la Universidad de California, en Los Angeles (UCLA), ha señalado los patrones humanos de la actividad genética en el cerebro que explican la forma en que este órgano evolucionó, de manera diferente, al de nuestro pariente más cercano, el chimpancé. Publicada en 'Neuron', la identificación de estos genes podría mejorar la comprensión de enfermedades cerebrales humanas, como el autismo y la esquizofrenia, así como trastornos de aprendizaje, y las adicciones.    "Los científicos suelen describir la evolución en términos de un aumento del tamaño del cerebro humano", explica el investigador principal, el doctor Daniel Geschwind, profesor de Genética Humana y Neurología en UCLA, quien añade que "nuestra investigación, sin embargo, sugiere que no es sólo el tamaño, sino la complejidad creciente de las regiones cerebrales, lo que llevó a los seres humanos a convertirse en su propia especie".

   Mediante el uso de tejido cerebral post-mortem, Geschwind y sus colaboradores aplicaron secuenciación de nueva generación, y otros métodos modernos, para estudiar la actividad de los genes en humanos, chimpancés y macacos rhesus, un antepasado común tanto para los chimpancés como para los seres humanos. Así, los investigadores observaron que los cambios surgieron entre los seres humanos y los chimpancés. En su estudio, los científicos se concentraron en tres regiones del cerebro: la corteza frontal, el hipocampo y el cuerpo estriado.

   Mediante el seguimiento de la expresión genética, el proceso por el cual los genes fabrican  los aminoácidos que forman las proteínas celulares, los científicos fueron capaces de buscar en los genomas las regiones donde el ADN se bifurcó entre las especies. "Cuando nos fijamos en la expresión de genes en el lóbulo frontal, descubrimos un aumento notable en la complejidad molecular en el cerebro humano", afirma Geschwind, quien también es profesor de Psiquiatría en el Instituto Semel para la Neurociencia y el Comportamiento de la UCLA.

   "Aunque las tres especies comparten un córtex frontal, nuestro análisis muestra que la forma en que el cerebro humano regula las moléculas e interruptores de encendido y apagado de los genes, se desarrolla de una forma más elaborada", explica la coautora Genevieve Konopka, ex investigadora postdoctoral en el laboratorio de Geschwind, quien trabaja ahora en la Universidad de Texas Southwestern. Según la científica, "creemos que los caminos de señalización y el incremento de la función celular que surgieron en el lóbulo frontal crearon un puente para la evolución humana".

EL GEN CLOCK SE COMPORTA DE MANERA DIFERENTE EN EL CEREBRO HUMANO

   Los investigadores llevaron sus hipótesis un paso más allá, mediante la evaluación de cómo los genes modificados se vinculan a los cambios en la función. "Las mayores diferencias se producen en la expresión de genes humanos implicados en la plasticidad -la capacidad del cerebro para procesar información y adaptarse", explica Konopka, quien agrega que "esto apoya la premisa de que el cerebro humano ha evolucionado para permitir mayores tasas de aprendizaje".

   Un gen en particular, CLOCK, se comporta de manera muy diferente en el cerebro humano. Considerado como el regulador maestro del ritmo circadiano, CLOCK se muestra alterado en los trastornos del estado de ánimo, como la depresión y el síndrome bipolar. Según Geschwind, "hemos visto, por primera vez, al gen CLOCK asumiendo un papel protagonista que sospechamos no está relacionado con el ritmo circadiano. Por tanto, puede que este gen organice otra función esencial para el cerebro humano".

   Cuando compararon el cerebro humano con los primates no humanos, los investigadores descubrieron más conexiones entre las redes de genes de FOXP1 y FOXP2 -estudios anteriores ya habían relacionado estos genes con la capacidad única de los seres humanos para producir el habla y entender el lenguaje.

   "La conectividad mide cómo los genes interactúan con otros genes, proporcionando un fuerte indicador de cambios funcionales", afirma Geschwind, quien añade que "tiene mucho sentido que los genes implicados en el habla y el lenguaje se encuentren menos conectados en los cerebros de los primates no humanos, y altamente conectados en el cerebro humano".

   El siguiente paso del equipo de la UCLA será ampliar su búsqueda comparativa a 10 regiones más, en los cerebros de humanos, chimpancés y macacos.

Fuente: Europa Press

Aprender música de niño ayuda al cerebro de adulto

¿De qué le ha servido tanto esfuerzo si luego ha dejado los estudios de música? ¿Dónde quedaron las horas dedicadas al solfeo? ¿Tiempo perdido? Estas y otras muchas preguntas se las habrán planteado muchos padres, e hijos, cuando intentaron en vano que su prole aprendiera a tocar un instrumento. Para ellos, y para los que finalmente sí terminaron ganándose la vida entre notas musicales, van dirigidos los resultados de un estudio que señalan que practicar música en la infancia se traduce en una mejora de las funciones cerebrales en el adulto.

Aunque son muchas las investigaciones que han analizado cómo la música afecta a nuestro cerebro y cuerpo, el estudio que ahora presentan investigadores de la Universidad de Northwestern, en Evanston, Illinois (EEUU), se centra más en analizar qué ocurre después de que los niños dejen de tocar un instrumento musical si sólo lo han hecho durante unos pocos años.

Para conocer si esos años de aprendizaje se tiran por la borda una vez que se abandona el estudio musical, se midieron las señales eléctricas del bulbo raquídeo de 45 adultos en respuesta a ocho sonidos complejos con diferentes tonos. Estas señales cerebrales son una fiel representación de la señal auditiva, de esta manera los investigadores pudieron analizar los elementos del sonido que son capturados por el sistema nervioso y conocer si son débiles o fuertes en cada participante con diferentes experiencias y capacidades.

Entre los participantes del estudio, cuyos resultados son publicados en la revista 'Journal of Neuroscience', estaban personas sin formación musical, otras que tenían estudios que iban de uno a cinco años y otras que había estudiado música de seis a 11 años. Todos ellos empezaron a tocar con nueve años y su edad, en el momento del estudio, oscilaba entre los 18 y los 31 años.

Comparados con aquellos sin formación musical, los participantes que habían estudiado de uno a cinco años de música tenían mejores respuestas cerebrales frente a sonidos complejos. Estas personas eran más eficaces para extraer la frecuencia fundamental de la señal sonora, es decir, la frecuencia más baja en el sonido que es clave en la percepción musical y en el habla. "Esta habilidad les permite reconocer sonidos en un entorno complejo y ruidoso, también es importante para la expresión hablada y para la memoria", explica a ELMUNDO.es Nina Kraus, profesora de Neurobiología, Fisiología y Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Northwestern y principal autora de este estudio.

Efectos mantenidos

Para esta investigadora, está claro que "la forma en la que tú escuchas hoy viene dictaminada por las experiencias con el sonido que has tenido hasta hoy. Estos nuevos resultados son un claro ejemplo de esto".

Estos resultados, junto con los obtenidos en investigaciones previas por estos investigadores, permiten señalar "beneficios que van desde una mejor percepción auditiva, mayor función ejecutiva y un empleo más eficaz de herramientas comunicativas. Todo ello sugiere que el entrenamiento musical durante el desarrollo produce efectos positivos y a largo plazo en el cerebro adulto", refiere el estudio.

"Esperamos que estos datos, junto con lo descubierto en investigaciones anteriores, se apliquen en estrategias educativas. Creo que es fundamental que la música sea una asignatura más del colegio", explica Kraus.

El Mundo




domingo, 26 de agosto de 2012

una reflexión, un sentimiento...

"Me levanto y no recuerdo cómo afeitarme, mejor dicho: ¿qué es afeitarse?
Me molesta que alguien me diga que me afeite y yo no sepa lo que es, ¿qué me sucede? Se sonríen en casa, ¿cómo no vas a saber lo que es afeitarse?
Me lo explican y lo entiendo, me enseñan cómo hacerlo y lo aprendo, me dicen ya está bien de esta broma, pero no es una broma, es la verdad.
Me extraño de esto, no entiendo qué puede ser, habrá sido un lapsus mio.
Mejor es no darle importancia. Voy a buscar mi ropa y no recuerdo dónde la tengo, ¿qué pasa? ¿cómo es esto? Hablo con mi mujer y me dice que deje ya de bromear, pero al verme llorar, entiende que no es una broma, que algo me sucede, y se preocupa, intento reflexionar sobre lo ocurrido y no entiendo lo que sucede, lo hablamos y decidimos ir al médico, entre pruebas y pruebas me detectan Alzheimer.
Al enterarnos mi familia me arropa, pero yo no puedo detener los pensamientos que me empiezan a atormentar, ahora sé quien soy, puedo pensar en lo que me sucede, pero poco a poco iré perdiendo mi identidad hasta ser algo que no conoce ni reconoce, alguien al que se le han borrado sus recuerdos y no puede memorizar el día a día, se me olvidará todo lo aprendido a lo largo de mi vida, pero lo peor es que no podré volver a aprenderlo, algo tan simple como conducir se me olvidará. Dios ¿cómo es posible?
Toda mi vida desaparecerá en el olvido, ¿cómo me reconoceré?, ¿como sabré que soy yo?, yo, yo, hasta eso se borrará.
No sabré ni quien es mi familia. Señor, ahora sé qué sucederá, pero cuando vaya sucediendo, ni yo mismo me daré cuenta, ¿cómo voy a ser consciente de lo que olvidaré si perderé hasta el saber que soy consciente?, qué complicado, me da miedo, lloro porque siento pena y miedo, pero llegará un día en que lloraré y no sabré ni porqué, solo me quedará la carcasa, mi cuerpo.
Me miraré en un espejo y no me reconoceré, el problema es si sabré lo que es un espejo, qué difícil, tras cada pensamiento que tengo ahora me viene otro que me contradice el anterior, ahora pienso, y reconozco, pero ¿mañana?, y un día me levantaré y no sabré ni el significado de un mañana.
Quiero recordar quien soy, no quiero olvidar mis recuerdos, mirar a mi familia y saber que es mi familia, quiero sentirme vivo, no quiero olvidar qué es sentirse vivo, Dios mio, que follón de pensamientos, va a ser progresivo, y ¿cómo sabré lo que olvidé cuando se haya borrado de mi memoria?, no quiero que ocurra, es morir lentamente, sin darte cuenta que te mueres, me da miedo acostarme porque quizás mañana no recuerde, no sé lo que no recordaré, porque aunque me lo digan, se habrá olvidado para siempre, poco a poco se irán muriendo trocitos de mi vida, y yo no voy a ser consciente, sufro por esto, quiero alargar los días, quiero todos los días, recordar que recuerdo.
Llegará un día en que solo quede algo muy pequeño en mi memoria muy, muy pequeño, ¿qué sera?, ¿seré consciente de ello?, o ¿se esfumará sin darme cuenta?
¿Para qué toda mi vida?, ¿para qué todas las vivencias?, todo eso ronda mi cabeza, ¿para olvidarlo?, no entiendo esto que me sucede, no entiendo por qué a mi, me digo a mi mismo todos los días: me tengo que acordar que soy yo, que no se me olvide, y sufro, sufro mucho.
Al final, ¿qué seré?, ¿qué pensamientos tendré?, si los tendré…
Quiero mi vida, mis seres queridos, mis recuerdos, mis cosas, no quiero morir en vida, no quiero olvidar que no sé lo que es olvidar, porque ya no sabré ni lo que significa la palabra, esa palabra, porque no sabré ni quien soy."

lp


solo imagenes ...



















El Alzheimer provoca un deterioro mental más rápido en las mujeres que en los hombres

El Alzheimer provoca un deterioro mental más rápido en las mujeres que en los hombres, según ha evidenciado un estudio de la Universidad de Hertfordshire (Reino Unido). Los investigadores señalan que esta situación se produce "aunque se encuentre en la misma etapa de la enfermedad".
Así, este trabajo de investigación publicado en la revista 'Journal of Clinical and Experimental Neuropsychology' ha arrojado mejores y más consistentes resultados en el género masculino. Para ello, los expertos han estudiado cinco áreas cognitivas en los enfermos.

   Además, se ha demostrado que las habilidades verbales de las mujeres con Alzheimer son peores en comparación con los hombres "de manera notable", indican. Esto va en contraposición de la situación que se da en personas sanas, donde la mujer presenta resultados más óptimos en este campo.

   El director de este trabajo ha sido el profesor Keith Laws, que ha completado un análisis de los datos neurocognitivos de quince estudios publicados previamente. Tras estudiarlos, el experto concluye que el hombre con esta patología vuelve a estar por encima de la mujer en las mismas circunstancias en tareas de visión espacial y de memoria.

   De esta forma, el especialista encuentra una posible explicación a este fenómeno en la influencia hormonal "debido a la pérdida de estrógenos en las mujeres". Sin embargo, admite que "son necesarios nuevos estudios para proporcionar una mayor claridad sobre estos temas".

ep