domingo, 26 de agosto de 2012

una reflexión, un sentimiento...

"Me levanto y no recuerdo cómo afeitarme, mejor dicho: ¿qué es afeitarse?
Me molesta que alguien me diga que me afeite y yo no sepa lo que es, ¿qué me sucede? Se sonríen en casa, ¿cómo no vas a saber lo que es afeitarse?
Me lo explican y lo entiendo, me enseñan cómo hacerlo y lo aprendo, me dicen ya está bien de esta broma, pero no es una broma, es la verdad.
Me extraño de esto, no entiendo qué puede ser, habrá sido un lapsus mio.
Mejor es no darle importancia. Voy a buscar mi ropa y no recuerdo dónde la tengo, ¿qué pasa? ¿cómo es esto? Hablo con mi mujer y me dice que deje ya de bromear, pero al verme llorar, entiende que no es una broma, que algo me sucede, y se preocupa, intento reflexionar sobre lo ocurrido y no entiendo lo que sucede, lo hablamos y decidimos ir al médico, entre pruebas y pruebas me detectan Alzheimer.
Al enterarnos mi familia me arropa, pero yo no puedo detener los pensamientos que me empiezan a atormentar, ahora sé quien soy, puedo pensar en lo que me sucede, pero poco a poco iré perdiendo mi identidad hasta ser algo que no conoce ni reconoce, alguien al que se le han borrado sus recuerdos y no puede memorizar el día a día, se me olvidará todo lo aprendido a lo largo de mi vida, pero lo peor es que no podré volver a aprenderlo, algo tan simple como conducir se me olvidará. Dios ¿cómo es posible?
Toda mi vida desaparecerá en el olvido, ¿cómo me reconoceré?, ¿como sabré que soy yo?, yo, yo, hasta eso se borrará.
No sabré ni quien es mi familia. Señor, ahora sé qué sucederá, pero cuando vaya sucediendo, ni yo mismo me daré cuenta, ¿cómo voy a ser consciente de lo que olvidaré si perderé hasta el saber que soy consciente?, qué complicado, me da miedo, lloro porque siento pena y miedo, pero llegará un día en que lloraré y no sabré ni porqué, solo me quedará la carcasa, mi cuerpo.
Me miraré en un espejo y no me reconoceré, el problema es si sabré lo que es un espejo, qué difícil, tras cada pensamiento que tengo ahora me viene otro que me contradice el anterior, ahora pienso, y reconozco, pero ¿mañana?, y un día me levantaré y no sabré ni el significado de un mañana.
Quiero recordar quien soy, no quiero olvidar mis recuerdos, mirar a mi familia y saber que es mi familia, quiero sentirme vivo, no quiero olvidar qué es sentirse vivo, Dios mio, que follón de pensamientos, va a ser progresivo, y ¿cómo sabré lo que olvidé cuando se haya borrado de mi memoria?, no quiero que ocurra, es morir lentamente, sin darte cuenta que te mueres, me da miedo acostarme porque quizás mañana no recuerde, no sé lo que no recordaré, porque aunque me lo digan, se habrá olvidado para siempre, poco a poco se irán muriendo trocitos de mi vida, y yo no voy a ser consciente, sufro por esto, quiero alargar los días, quiero todos los días, recordar que recuerdo.
Llegará un día en que solo quede algo muy pequeño en mi memoria muy, muy pequeño, ¿qué sera?, ¿seré consciente de ello?, o ¿se esfumará sin darme cuenta?
¿Para qué toda mi vida?, ¿para qué todas las vivencias?, todo eso ronda mi cabeza, ¿para olvidarlo?, no entiendo esto que me sucede, no entiendo por qué a mi, me digo a mi mismo todos los días: me tengo que acordar que soy yo, que no se me olvide, y sufro, sufro mucho.
Al final, ¿qué seré?, ¿qué pensamientos tendré?, si los tendré…
Quiero mi vida, mis seres queridos, mis recuerdos, mis cosas, no quiero morir en vida, no quiero olvidar que no sé lo que es olvidar, porque ya no sabré ni lo que significa la palabra, esa palabra, porque no sabré ni quien soy."

lp


solo imagenes ...



















El Alzheimer provoca un deterioro mental más rápido en las mujeres que en los hombres

El Alzheimer provoca un deterioro mental más rápido en las mujeres que en los hombres, según ha evidenciado un estudio de la Universidad de Hertfordshire (Reino Unido). Los investigadores señalan que esta situación se produce "aunque se encuentre en la misma etapa de la enfermedad".
Así, este trabajo de investigación publicado en la revista 'Journal of Clinical and Experimental Neuropsychology' ha arrojado mejores y más consistentes resultados en el género masculino. Para ello, los expertos han estudiado cinco áreas cognitivas en los enfermos.

   Además, se ha demostrado que las habilidades verbales de las mujeres con Alzheimer son peores en comparación con los hombres "de manera notable", indican. Esto va en contraposición de la situación que se da en personas sanas, donde la mujer presenta resultados más óptimos en este campo.

   El director de este trabajo ha sido el profesor Keith Laws, que ha completado un análisis de los datos neurocognitivos de quince estudios publicados previamente. Tras estudiarlos, el experto concluye que el hombre con esta patología vuelve a estar por encima de la mujer en las mismas circunstancias en tareas de visión espacial y de memoria.

   De esta forma, el especialista encuentra una posible explicación a este fenómeno en la influencia hormonal "debido a la pérdida de estrógenos en las mujeres". Sin embargo, admite que "son necesarios nuevos estudios para proporcionar una mayor claridad sobre estos temas".

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3 Fáciles signos para detectar un Infarto Cerebral

Un infarto cerebral es lo mismo que decir un ictus o un accidente cerebrovascular. Se trata de un episodio fulminante en la cual el paso de sangre a lo largo del cerebro se ve afectado y se produce una falta de aporte de nutrientes y oxígeno. Como consecuencia de ello, el tejido cerebral se daña o muere, lo que se denomina una necrosis. Las causas son muy variadas, pero se dividen en:
  • Hemorrágicas: Si hay alguna lesión en los vasos cerebrales que hace que la sangre salga al exterior y no llegue a las zonas que debería llegar.
  • Isquémicos: Hay algo que obstruye o que no permite el paso de sangre a una región del cerebro. Por ejemplo, un coágulo o una placa de ateroma que obstruye completamente un vaso.
El ictus es una enfermedad extremadamente frecuente. Ya que es la segunda causa de muerte en hombres y la primera en mujeres. Suele darse a partir de los 50 años y en más de la mitad de los casos supone la muerte o una minusvalía. Por ello, es importante una detección a tiempo de un ictus ya que puede (aunque no siempre) evitar muchas complicaciones al aplicar un tratamiento precoz. Cuanto más tarde llegue el tratamiento, tanto peor será el pronóstico. De hecho, un retraso de 20-30 minutos en el tratamiento supone duna disminución de la probabilidad de mejoría clínica en un 10-20%.

Precisamente, la escala prehospitalaria de accidente cerebrovascular de Cincinnati o la Escala de Cincinatti para los amigos, se trata de un método muy sencillo que cualquier puede hacer para detectar un posible ictus. Es muy fiable, ya que sólo con que uno de los 3 parámetros de la escala sea positiva, significa que hay un 72% de posibilidades de que la persona padezca un ictus. Si se dan tres parámetros positivos, la probabilidad de que sea un ictus es del 82%. Los signos a tener en cuenta en esta escala son los siguientes:
  • Asimetría facial. Si pedimos a la persona que nos sonría y sólo es capaz de elevar el labio de un lado y no el otro.
  • Deriva del brazo: Si pedimos a la persona que levante los brazos y uno queda más levantado que el otro o directamente hay un brazo que no es capaz de levantar.
  • Alteración en el habla: Al sugerirle a la persona que nos hable, no es capaz de hacerlo o lo hace utilizando palabras equivocadas o sin coherencia.
Estos signos indican lesiones cerebrales que provocan parálisis o parálisis parciales motoras (como en el caso de la asimetría facial y la deriva del brazo) y de lesiones en las zonas del lenguaje (en la alteración del habla)

Si alguno de estos signos es positivo y aparece de forma repentina, salgan corriendo para el hospital más cercano. Hay posibilidades de que sea una falsa alarma pero eso es un mal menor comparado con lo que podría ocurrir de no hacer nada.

Con información de medtempus.com. 
Imagen lobezna888.blogspot.com.


miércoles, 22 de agosto de 2012

New Drugs for Alzheimer’s Work in Novel Ways

A new class of drugs called gamma-secretase modulators works to reduce the buildup of toxic proteins in the brains of people with Alzheimer’s disease, giving doctors hope that these medications may offer effective new treatments for the devastating brain ailment. Results of advanced-stage testing of one of these drugs, called Flurizan, failed to show any benefit, though this unfortunate failure does not signal that other drugs, based on the same principle—called gamma-secretase modulation—will fail.

Researchers at the Mayo Clinic report that gamma-secretase modulators work to reduce the production of long pieces of a protein called beta-amyloid that builds up in the brains of those with the disease. These drugs also appear to promote the production of shorter forms of beta-amyloid that may inhibit the longer forms from sticking together and forming brain-damaging clumps, at least in experimental models.

Doctors have long known that beta-amyloid builds up in the brains of people with Alzheimer’s disease. But scientists still don’t know exactly why or how this occurs, and how it may lead to the onset of memory loss and dementia.

Beating Back Beta-Amyloid
The Fisher Center Foundation funds scientists who continue to be at the forefront of research into the understanding of beta-amyloid, a protein that is at the root of Alzheimer’s disease. Beta-amyloid forms dense protein deposits called plaques found in the brains of people with Alzheimer’s. These and other forms of beta-amyloid are believed to cause most of the devastating, degenerative changes in the Alzheimer’s brain. Fisher Center scientists were among the first to define the specific steps by which beta-amyloid is produced, and their discovery that pharmacological substances can interrupt this process set off a worldwide race to develop drugs to inhibit beta-amyloid buildup.

Fisher scientists’ beta-amyloid research is now focused on a protein called amyloid precursor protein (APP). Fisher scientists are unraveling the process by which APP is broken down to form beta-amyloid. Their immediate goal is to develop ways to slow the accumulation of plaque and other forms of beta-amyloid in the brain and reduce their toxic effects on nerve cells, moving much closer to a cure for Alzheimer’s disease. In fact, Fisher Center scientists are making significant progress in developing therapies aimed at reducing the production of toxic beta-amyloid, an achievement that might ultimately prevent, slow or even cure the disease.

Fisher scientists have also recently discovered how beta-amyloid damages communication between brain cells and how fibers connecting brain cells can be grown or made to shrink. With this understanding, it may be possible to devise therapies that protect the brain even when beta-amyloid production goes awry.

Beta-amyloid by itself it not necessarily bad. It is formed from a larger protein called amyloid precursor protein, or APP, that can be snipped into shorter segments by proteins called secretases. One of these secetases is called gamma secretase. It acts on a fragment of APP, shearing it like a pair of molecular scissors into smaller fragments of beta-amyloid of varying length.

One resulting form of beta-amyloid, consisting of 42 protein building blocks called amino acids, appears to be particularly toxic to the brain. This 42-amino acid form
of beta-amyloid is the main form that builds up in the brains of those with Alzheimer’s disease to form plaques. A hallmark of Alzheimer’s is the formation of these plaques, which are believed to damage neurons in complex ways that are not yet fully understood.

But beta-amyloid also exists in shorter forms, like the 38- and 40-amino acid segments that appear to be less harmful. These shorter segments may even be beneficial, helping to prevent the longer, and toxic, 42-amino acid form from sticking together.

How the New Drugs Work
The new drugs, the gamma secretase modulators, are believed to act on APP, rather than the gamma secretase enzyme directly. As a result, when gamma secretase shears the larger APP protein, it tends to form shorter snippets of nontoxic beta-amyloid. At the same time, less of the toxic form of beta-amyloid is produced. These findings appeared in the June 12 issue of the scientific journal, Nature.

“So, as these compounds lower the amount of the bad, longer beta-amyloid peptides in the brain, they increase the quantity of shorter beta-amyloid peptides that may protect against development of Alzheimer’s disease,” said the study’s senior author, Todd Golde, M.D., Ph.D., Chair of the Department of Neuroscience at the Mayo Clinic in Jacksonville.

“In a very general sense the action of these gamma secretase modulators on beta-amyloid might be analogous to some cholesterol-lowering drugs that can lower LDL, the bad cholesterol that sticks to your arteries, but not lower HDL, the good cholesterol,” Dr. Golde said.

There is also some evidence that the gamma secretase modulators actually stick to the toxic beta-amyloid already in the brain, keeping it from clumping together.

“Surprisingly, this means that these compounds may do three things that may be beneficial with respect to Alzheimer’s disease: they inhibit production of long beta-amyloid, may block aggregation of beta-amyloid, and increase production of shorter beta-amyloid peptides that may in turn inhibit beta-amyloid aggregation,” said the study’s lead investigator, Thomas Kukar, Ph.D.

Because these experimental drugs lower levels of toxic beta-amyloid, they are sometimes also referred to as selective amyloid lowering agents, or SALAs.

Despite Flurizan Failure, Hope Remains

The first new gamma secretase modulator to complete clinical trial testing was Flurizan, known by the generic name tarenflurbil. An advanced Phase 3 clinical trial of the drug in 1,684 patients from 131 medical centers was recently completed. Unfortunately, the drug failed, and further testing has been discontinued by the company that owns it, Myriad Genetics.

These results contrast with results of recently released data from an earlier, mid-stage (Phase 2) trial in patients with mild Alzheimer’s disease who took Flurizan and showed marginally less decline in their ability to carry out everyday tasks than those taking a dummy pill. The larger, more recent Phase 3 trial showing no benefit is considered more reliable, however, because of its size, and is considered the “final word” on the subject.

Currently available drugs for Alzheimer’s, like Aricept, Razadyne, Exelon, and Namenda, may ease symptoms for a time in some patients. But these drugs do not modify the long-term worsening of the disease.

“Millions of people suffer from Alzheimer’s disease, and treatment options are limited,” says Paul Greengard, Ph.D., the Fisher Center for Alzheimer’s Disease Research director at The Rockefeller University. “Existing drugs may mask symptoms for a time but do nothing to stop the relentless downward progression of Alzheimer’s. What is needed are safe and effective medications that will halt, or even reverse, the relentless progression of the underlying disease.”

Researchers hope that disease-modifying drugs that inhibit beta-amyloid may alter the progressive memory loss and other cognitive problems that devastate those with Alzheimer’s disease. It may take years, however, before any drugs that alter production of beta-amyloid are proven safe and effective against Alzheimer’s disease.

There is still hope for these kinds of drugs, though. According to Dr. Golde, “Anytime we gain an increased understanding of the precise molecular action of a drug, that enhances our ability to make better drugs.” Still, the process of drug testing is complex. A drug may seem to work well in an experimental model but fail when given to a human being, the ultimate testing ground.

Source: www.ALZinfo.org. Preserving Your Memory: The Magazine of Health and Hope

¿Qué hace que algunas personas tengan una agudeza mental envidiable a los 90?

Escáneres cerebrales hallaron que estas personas tienen unas cortezas cerebrales más gruesas que sus pares

Las personas mayores que no experimentan ningún declive en la memoria tienen ciertas características cerebrales que difieren de las de sus pares que muestran una pérdida de memoria relacionada con la edad más típica, revela una investigación reciente.

Científicos del Centro de Neurología Cognitiva y Enfermedad de Alzheimer de la Universidad de Northwestern identificaron a 12 personas a partir de los 80 años a quienes les fue igual de bien o mejor en pruebas de memoria que a personas que eran 20 o 30 años más jóvenes. Los investigadores los bautizaron como "SuperAgers" (algo así como "súper ancianos").

Las IRM mostraron que la corteza cerebral de estas personas era más gruesa que un grupo de comparación de personas a partir de los 80 años. La corteza es la capa externa del cerebro, que tiene que ver con la memoria, la atención y otras habilidades de pensamiento.

Una corteza adelgazada sugiere la pérdida de neuronas, o materia gris, explicó la autora principal del estudio Emily Rogalski, profesora asistente de investigación de la Northwestern.

Los exámenes cerebrales también mostraron que las personas de 80 a 99 que exhibían declives más típicos en la memoria (aunque no el declive marcado asociado con la enfermedad de Alzheimer ni trastornos del pensamiento, apuntaron los investigadores) tenían cortezas más finas.

"Los que envejecen de forma atípica se parecen más a los controles de mediana edad, a pesar de ser de 20 a 30 años mayores", apuntó Rogalski. "No observamos ninguna atrofia ni pérdida de neuronas significativas".

El estudio aparece en la edición actual de la revista Journal of the International Neuropsychological Society.

Cierto grado de falta de memoria es un problema común entre las personas mayores, apuntó Rogalski. "Esos problemas son tan comunes que se ha llegado a pensar que son parte normal del envejecimiento", anotó.

Muchos estudios anteriores han mostrado que la atrofia cerebral y la pérdida de capacidades de pensamiento van de la mano, apuntó el Dr. Russell Swerdlow, director del Centro de Enfermedad de Alzheimer de la Universidad de Kansas.

Este estudio es único porque comienza con personas con memorias excepcionalmente buenas para su edad, y entonces busca qué hace que sus cerebros sean distintos, planteó.

Sin embargo, anotó, el estudio muestra una correlación entre unas buenas memorias en la vejez, una corteza más gruesa y un mayor volumen cerebral, pero no demuestra causalidad. Lo que no se sabe es si retener el volumen cerebral protege las habilidades de pensamiento, o si mantener las habilidades de pensamiento protege al volumen cerebral.

"Quizás aquellos cuyos cerebros están mejor 'construidos para durar' estructuralmente sean los que mejor están construidos para durar desde una perspectiva funcional, o tal vez los que ejercitan el cerebro tengan menos atrofia", planteó.

Al mismo tiempo, los súper ancianos también tenían una corteza cingulada más grande, otra región del cerebro que tiene que ver con la atención y la memoria, incluso que los participantes de mediana edad. Lo que no se sabe es si estos adultos mayores nacieron con una corteza cingulada más prominente, o si esa región se resistió a la atrofia a una edad avanzada, según el estudio.

Con estudios como esto, lo que las personas desean saber es qué tienen que hacer para que les vaya igual de bien. Desafortunadamente, aún no hay respuestas claras, apuntó Rogalski.

"Es probable que la genética tenga algo que ver. Y en general, un estilo de vida sano respalda a una buena memoria", aseguró Rogalski "Pero en nuestra experiencia, algunos de estos súper ancianos han fumado un paquete de cigarrillos al día durante los últimos 20 años. Otros nunca los han tocado. Algunos van al gimnasio de tres a cinco días por semana. Otros no hacen ejercicio. Algunos siguen trabajando, otros nunca lo han hecho. Parece que podría haber más de una ruta para convertirse en un súper anciano".


Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare

FUENTE: Emily Rogalski, assistant research professor, Cognitive Neurology and Alzheimer's Disease Center, Northwestern University, Chicago; Russell Swerdlow, M.D., professor, neurology, and director, Alzheimer's Disease Center, University of Kansas, Kansas City; 2012 Journal of the International Neuropsychological Society.



martes, 14 de agosto de 2012

Muestran cómo el estrés y la depresión pueden reducir el tamaño del cerebro

La depresión mayor, o el estrés crónico, pueden causar pérdida de volumen cerebral, una condición que contribuye a la alteración emocional y cognitiva. Ahora, un equipo de investigadores, liderado por científicos de Yale, ha descubierto un interruptor genético que desencadena la pérdida de conexiones cerebrales en seres humanos, y la depresión en modelos animales. Los resultados, han sido publicados en la revista 'Nature Medicine'. La investigación muestra que el interruptor genético, conocido como un factor de transcripción, reprime la expresión de varios genes necesarios para la formación de conexiones sinápticas entre las células cerebrales, lo que a su vez podría contribuir a la pérdida de masa cerebral en la corteza prefrontal.

   "Queríamos poner a prueba la idea de que el estrés provoca una pérdida de sinapsis en el cerebro humano", afirma el autor principal, Ronald Duman, profesor de Psiquiatría, Neurobiología y Farmacología en Yale. Así, continua el investigador, "hemos demostrado que los circuitos normalmente involucrados en la emoción, así como la cognición, se interrumpen cuando este factor de transcripción se activa".

   El equipo de investigación analizó tejidos donados de pacientes deprimidos y no deprimidos, y buscó distintos patrones de activación de genes. El estudio reveló que los cerebros de los pacientes que habían estado deprimidos exhibían menores niveles de expresión de los genes requeridos para la función y estructura de las sinapsis cerebrales.

   El coautor H.J. Kang descubrió que, al menos, cinco de estos genes podrían estar regulados por un solo factor de transcripción, llamado GATA1. Cuando el factor de transcripción se hubo activado, los roedores mostraron síntomas depresivos, lo cual sugiere que GATA1 desempeña un papel, no sólo en la pérdida de las conexiones entre las neuronas, sino también en los síntomas de la depresión.

   Duman cree que las variaciones genéticas en GATA1 podrán, algún día, ayudar a identificar a las personas en alto riesgo de depresión mayor, o la sensibilidad al estrés. "Esperamos que, mediante la mejora de las conexiones sinápticas, ya sea con nuevos medicamentos, o con psicoterapia, podamos desarrollar terapias antidepresivas más eficaces", concluye Duman.
EP